San Isidro Labrador
General
Historia
El corazón espiritual de Nueva Bolivia,hoy materializado en el templo dedicado a San Isidro Labrador, tiene sus raíces en el año 1975. Fue gracias a la visión y diligencia del presbítero Javier Melan que esta comunidad de fe comenzó a tomar forma. Inicialmente adscrita a la jurisdicción de Torondoy, perteneciente al municipio Justo Briceño, la erección del templo actuó como un catalizador fundamental para la consolidación del naciente pueblo de Nueva Bolivia.
Tras sentar las bases de esta nueva parroquia, el padre Melan fue destinado a Tucaní. Sin embargo, su vínculo inicial perduró, regresando ocasionalmente para celebrar los sacramentos y mantener viva la llama de la fe en la joven comunidad. Este periodo de transición culminó con la llegada del padre Tomás Castelado, un sacerdote español cuya labor pastoral se extendió por fructíferos diecisiete años. Su dedicación dejó una huella imborrable en la feligresía.
A la partida del padre Castelado, la guía espiritual de la parroquia recayó sucesivamente en los presbíteros Franklin Uzcátegui, durante un breve pero significativo periodo de dos años; Marcos Molina; Alexander Vivas; y finalmente, el actual párroco, Carlos Méndez.
A lo largo de estas distintas etapas pastorales, cada sacerdote ha asumido con compromiso la tarea de embellecer y fortalecer la estructura física del templo, al mismo tiempo que nutría la fe de los aproximadamente 18 mil feligreses que conforman esta activa comunidad.
El dinamismo de la Parroquia San Isidro Labrador se manifiesta en diversas iniciativas que enriquecen la vida espiritual y social de Nueva Bolivia. Entre ellas destaca la emisora Comunión 93.1 FM, un importante medio de evangelización y comunicación comunitaria.
La catequesis itinerante despliega la enseñanza religiosa más allá de los muros del templo, llegando a diversos rincones de la parroquia. Asimismo, una variedad de grupos de apostolado testimonian el compromiso laical y la vitalidad de la fe.
Un hito importante en el desarrollo de la parroquia fue la construcción de los salones parroquiales, espacios destinados a la formación, el encuentro y la realización de diversas actividades pastorales y comunitarias. Además, durante cuatro décadas, un colegio de religiosas pertenecientes a las Hermanas Dominicas Venezolanas ofreció una invaluable labor educativa y espiritual en la comunidad.
